PARTE 2: LA FIRMA QUE ME ROBÓ SEIS AÑOS

Rosalind permanecía frente a la ventana.

—Cuando te fuiste al extranjero —comenzó— descubrí que estaba embarazada.

Sentí un dolor profundo en el pecho.

—Intenté llamarte.

—Mi número funcionaba.

—Para todos excepto para mí.

La miré.

—¿Qué?

—Después descubrí que alguien había bloqueado mi número en tu cuenta.

Continuó.

—Fui a la oficina de tu familia. Genevieve me recibió.

Ya sabía lo que iba a escuchar.

Aun así, no estaba preparado.

—Me dijo que tú ya lo sabías.

—¿Sobre los bebés?

Rosalind asintió.

—Dijo que habías decidido que tener hijos conmigo sería una amenaza para el patrimonio familiar.

Me levanté.

—Jamás habría dicho eso.

—Ahora lo sé.

Su voz se quebró.

—Pero entonces me enseñó documentos.

—¿Qué documentos?

Rosalind abrió su vieja maleta azul.

Sacó un sobre amarillento.

—Este.

Me lo entregó.

Era un acuerdo legal.

Decía que yo reconocía el embarazo de Rosalind y renunciaba voluntariamente a cualquier derecho parental.

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