Tres años después de divorciarme, mandé investigar a mi exesposa… y una hora después descubrí que había tenido mellizos. Mis mellizos.
PARTE 2
Ethan Caldwell llegó a Seattle esa misma noche.
Durante el vuelo, no cerró los ojos ni una sola vez.
Tenía frente a él la foto de Clara empujando el coche doble, y cada vez que la miraba sentía una punzada distinta.
Culpa.
Celos.
Miedo.
Y algo más profundo que no quería nombrar.
Cuando el avión aterrizó, Daniel ya lo esperaba en la salida privada del aeropuerto con un auto negro.
—Señor —dijo, entregándole otra carpeta—. Conseguí más información.
Ethan se sentó en el asiento trasero.
—Habla.
—La señora Harper vive en Queen Anne, en una casa de tres pisos. Trabaja desde casa como diseñadora de interiores. Tiene una pequeña firma registrada a su nombre: Harper Studio. En los últimos dos años ha tomado varios proyectos importantes.
Ethan frunció el ceño.
—¿Diseñadora?
Clara había estudiado diseño antes de casarse.
Después de la boda, su madre insistió en que “una esposa Caldwell no necesitaba trabajar”. Ethan no dijo nada.
Otra vez, no dijo nada.
Clara dejó sus bocetos, cerró su portafolio y se convirtió en una esposa silenciosa dentro de una casa demasiado grande.
Él nunca preguntó si extrañaba su sueño.
Ahora ese sueño la sostenía.
—¿Y el hombre que contestó el teléfono? —preguntó Ethan.
Daniel dudó.
—Se llama Noah Bennett. Médico pediatra. Vive a dos calles de ella. No encontré registro de matrimonio entre él y la señora Harper.
Ethan giró la cabeza.
—Pero dijo que era su esposa.
—Eso parece haber sido intencional. Tal vez quiso protegerla.
La mandíbula de Ethan se tensó.
Protegerla.
Una palabra sencilla.
Una palabra que él jamás había sabido ejercer cuando se trataba de Clara.
—¿Los niños?
Daniel pasó dos fotografías nuevas.
—El niño se llama Lucas. La niña, Emma. Ambos llevan el apellido Harper.
Ethan tomó las fotos.
Esta vez no pudo evitarlo.