—Cuando yo era joven escuché hablar de él.
Ernesto bajó la vista.
Arturo continuó.
—Mi hermano mayor estuvo destinado en aquella misma misión. Contaba historias sobre un soldado que encontraba cualquier instrumento disponible y tocaba para los demás.
Miró a Ernesto.
—Decían que podía conseguir que un grupo entero olvidara durante cinco minutos dónde estaba.
Ricardo soltó una risa nerviosa.
—Eso no demuestra nada.
Arturo ni siquiera lo miró.
—Después ocurrió aquella operación de rescate.
El salón estaba completamente en silencio.
—El soldado ayudó a sacar a varios hombres y desapareció. Durante años se creyó que no había sobrevivido.
Arturo respiró profundamente.
—Su apellido era Salgado.
Ernesto levantó los ojos.
Arturo se acercó y extendió la mano.
—Mi hermano nunca olvidó lo que usted hizo.
Ernesto aceptó el saludo.
—Yo tampoco olvidé a los que no volvieron.
Ricardo parecía incómodo.