Tampoco obligó a Lucía a recuperar el matrimonio que perdió.
Lucía decidió que cualquier relación con Adrián tendría que construirse desde el presente, sin promesas sobre volver a ser quienes habían sido antes.
Adrián aceptó.
Daniel también puso sus propias reglas.
Nada de regalos enormes para compensar fechas perdidas.
Nada de aparecer sin avisar.
Nada de hablar mal de Mercedes delante de él para convertirlo en juez de una guerra familiar que había comenzado antes de que naciera.
Adrián respetó las tres.
Y cuando tuvo que elegir entre enviar dinero para reemplazar el puesto o acudir personalmente a ayudar a reparar una parte de la estructura que el viento había aflojado, preguntó primero qué necesitaban.
Daniel respondió con una fotografía de la lona inclinada.
“Trae guantes.”
Adrián llegó con guantes.
Nada más.
Pasaron la mañana ajustando madera, cuerda y tela.