Negué.
Nunca había escuchado ese nombre.
El abogado deslizó otra hoja.
—También encontramos una póliza.
—¿Qué póliza?
—Seguro de vida.
Sentí frío.
—Yo no tengo seguro de vida.
—Sí lo tienes.
Me mostró la cifra.
4.500.000 pesos.
Beneficiario:
Mauricio Hernández.
La póliza había sido contratada nueve meses atrás.
La firma parecía mía.
No lo era.
Mi madre comenzó a llorar.
Yo no pude.
Solo pensé en la cocina.
En el rodillo.
En Mauricio negándose a llevarme al hospital.
En ellos continuando la cena mientras yo apenas podía respirar.
—¿Cuándo entra en vigor? —pregunté.
El abogado me miró.
—Ya está vigente.
Entonces escuchamos gritos en el pasillo.
Elena entró rápidamente.
—La policía está bajando.
—¿Qué pasó?
—Su esposo intentó entrar en la habitación anterior.
La habitación que habían dejado vacía.
Mauricio y Teresa habían conseguido llegar hasta la puerta antes de que seguridad los detuviera.