—David me ordenaba no revisar ciertos frascos —explicó—. Decía que eran suplementos recetados por un especialista.
Sus manos temblaban.
—Una noche vi que cambiaba el contenido de uno de ellos.
La observé en silencio.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Rebecca comenzó a llorar.
—Lo intenté. Pero David me amenazó con denunciarme por robo si hablaba.
Entonces abrió su bolso.
—Conservé uno de los frascos y una grabación.
Aquella evidencia podía cambiarlo todo.
Pero Rebecca todavía tenía otra revelación.
—David no actuaba solo.
Sentí que el corazón me golpeaba las costillas.
—¿Jessica?
Rebecca negó lentamente.
—Alguien más.
Antes de que pudiera continuar, Samuel recibió una llamada.
Su expresión se endureció.
—Elena, debemos hablar.
Mi marido había presentado una solicitud para obtener el control de varias empresas vinculadas a mi patrimonio.
Afirmaba ser mi único heredero.
Pero mis documentos sucesorios indicaban algo muy diferente.