No intenté convertir aquello en venganza.
Solo quería que quedara claro lo que había ocurrido y que Lucas no pudiera volver a tomar una decisión semejante por nosotros.
Brenda cooperó en todo.
Eso le costó admitir algo que le dolía profundamente: llevaba años justificando la manera en que su hijo evitaba los problemas en vez de enfrentarlos.
«Siempre pensé que solo era inmaduro», me dijo una noche.
Miró hacia la cuna.
«Nunca imaginé que pudiera llegar tan lejos».
No la consolé.
Todavía no podía cargar también con su culpa.
Toby fue quien más me preocupó.
Durante algunos días empezó a revisar la cuna cada vez que entraba a la recámara.
Si la bebé dormía demasiado quieta, se acercaba para comprobar que respiraba.
Una noche lo encontré sentado en el piso junto a ella.
«No tienes que vigilarla», le dije.