Lucas apretó la mandíbula.
«No sabes lo que estaba pasando».
«Sé lo que me dijiste».
Ella explicó que una semana antes del nacimiento Lucas le había asegurado que yo estaba considerando no criar a la bebé.
También le dijo que yo tenía miedo de volver a empezar con un recién nacido y que él quería evitar una pelea familiar.
Ella le creyó porque Lucas hablaba como si la decisión ya estuviera tomada.
El día del parto, cuando él la llamó, le dijo que yo había sufrido una emergencia y que aquello solo adelantaba algo que ambos habíamos acordado.
«Yo pensé que estaba ayudando», dijo ella.
No sabía si creerle por completo.
Pero había una diferencia fundamental entre su versión y la de Lucas.
Ella estaba ahí devolviéndome a mi hija.
Lucas había pasado catorce días intentando convencerme de que estaba muerta.