La Carta Que Mi Hija Dejó Reveló Quién Era El Padre De Mi Nieto-silas

—¿Y ahora?

No quería mentirle otra vez.

—Ahora ya sabe que estás vivo.

Aquella información pareció demasiado grande para él.

Se levantó de la mesa y caminó hasta la ventana.

Yo permanecí sentada.

No lo perseguí con explicaciones.

Después de un rato preguntó:

—¿Quiere conocerme?

—Sí.

—¿Tú quieres que lo conozca?

Esa pregunta me sorprendió más que todas las demás.

Me acerqué.

—Lo que yo quiero es que nadie vuelva a decidir algo así por ti sin escucharte.

Me miró con los ojos húmedos.

—¿Tengo que verlo?

—No.

—¿Puedo verlo?

—Sí.

Pensó durante unos segundos.

—Todavía no.

—Está bien.

Eso fue todo.

No hubo una reunión inmediata.

No hubo un desconocido apareciendo en nuestra puerta reclamando el lugar que nunca había ocupado.

Durante los siguientes días, mi nieto hizo preguntas pequeñas.

Qué edad tenía su padre cuando él nació.

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