Durante meses había detectado facturas infladas y pagos a proveedores que no reconocía.
La noche de su muerte debía reunirse con Victor para exigir explicaciones.
Aquella cita figuraba en su calendario.
Nunca había sido presentada al jurado.
Sentí náuseas.
—¿Cómo pudieron pasar por alto esto?
Mi madre respondió desde el otro lado del cristal:
—Porque tenían el cuchillo.
El arma.
Las huellas.
La sangre.
Todo apuntaba hacia ella.
Hasta que un nuevo equipo revisó precisamente aquello que parecía más sólido.
Las huellas de mamá en el mango no demostraban cuándo había tocado el cuchillo.
Era uno de nuestros cuchillos de cocina.
Lo había utilizado cientos de veces.
La bata también tenía una explicación posible: mamá había encontrado a papá y había intentado ayudarlo antes de llamar a emergencias.
Pero durante el juicio, cada detalle ambiguo había sido presentado como una pieza más de una historia ya decidida.
Entonces llegó la pregunta esencial.
¿Cómo terminó el cuchillo debajo de su cama?
Ethan había dado una posible respuesta.