PARTE 2: EL MENSAJE QUE DESTRUYÓ TODO LO QUE YO CREÍA SABER

Me explicó que, además de colaborar con la investigación, debía considerar medidas prácticas para proteger mi privacidad y la de mi hija. Si temía que Rodrigo pudiera vigilar sus comunicaciones o presentarse donde estuviéramos, debía informarlo al equipo responsable y seguir sus recomendaciones.

Después me pidió que no intentara contactar a Andrés ni confrontar a mi esposo para obtener una confesión.

—Entiendo que quiera saber exactamente qué pasó —me dijo—, pero necesitamos evitar que alguien destruya información, influya en posibles testimonios o ponga en riesgo a la niña.

—¿Cree que mi esposo está implicado?

La agente sostuvo mi mirada.

—Todavía no puedo responder a eso. Estamos reuniendo información. Su hija merece que investiguemos con seriedad, sin dar por hecho algo que aún debemos comprobar.

Su respuesta no me tranquilizó.

Pero fue la primera vez en toda la noche que alguien me ofreció una forma concreta de avanzar sin exigirme que eligiera entre creer ciegamente en mi esposo o condenarlo sin pruebas.

Antes de marcharse, la agente recibió una llamada.

Escuchó durante unos segundos y después me pidió que esperara.

Su expresión cambió ligeramente.

—¿La persona que figura como responsable de la propiedad es Andrés Salgado? —preguntó.

Asentí.

La agente volvió a escuchar.

Luego terminó la llamada.

—Necesitamos verificar un dato adicional relacionado con esa dirección.

—¿Qué dato?

Ella miró sus notas.

—La propiedad fue objeto de una investigación anterior por una cuestión distinta. No puedo darle detalles sin confirmar la información, pero la coincidencia hace necesario revisar los registros.

Sentí que las manos me temblaban.

—¿Y Rodrigo?

—Su nombre aparece en documentación que debemos examinar. Eso no establece por sí mismo que haya cometido un delito.

La agente se levantó.

—Vamos a continuar trabajando. Usted concéntrese en su hija y comuníquese con nosotros si recibe nuevas amenazas o información relevante.

Cuando se marchó, me quedé mirando la puerta.

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