Valeria habló.
—Yo no sabía quién era Camila. Vi a un hombre llevándosela hacia una zona sola del parque. Ella estaba aterrada. Lo seguí e intervine. Después apareció Adriana. Me aseguró que era un familiar enfermo, que ya estaba todo bajo control. Yo le creí.
—¿Y nunca dijiste nada?
—Hasta que llegué aquí no sabía que ella se había quedado con el mérito. Y cuando lo descubrí, pensé que tú nunca creerías a una empleada recién llegada por encima de tu futura esposa.
Rodrigo se dejó caer en un sillón.
—Me enamoré de ti porque pensé que habías salvado a mi hija —le dijo a Adriana.
—Yo sí cuidé a Camila durante años.
—Eso no convierte una mentira en verdad.
Adriana terminó confesando que al principio solo quiso impresionarlo. Luego llegaron las cenas, los regalos, los viajes y finalmente el compromiso. Cada vez era más difícil admitir la verdad.
—Te amo —insistió.
Camila negó.
—No.
—¡Tú no sabes nada de adultos! —estalló Adriana.
La niña se estremeció.