Tomás frunció el ceño.
—¿Después de lo que te hizo?
—Precisamente por eso.
—Elena…
—No quiero que lo que me hicieron convierta a mi esposo en alguien parecido a ellos.
Aquellas palabras lo silenciaron.
Ella apretó sus dedos.
—La justicia pone límites. La venganza busca disfrutar del sufrimiento. Yo quiero que nuestra familia se quede del lado correcto de esa línea.
Tomás besó su mano.
—Por eso siempre has sido más fuerte que yo.
—No. Simplemente tengo una ventaja.
—¿Cuál?
Elena sonrió.
—Como no puedo ver las caras, tengo más tiempo para escuchar las almas.
Tomás soltó una pequeña carcajada.
Desde la puerta, Sofía había escuchado casi toda la conversación.