Era un mensaje de mi suegra.
Alcancé a leer una frase:
«No menciones lo que pasó cuando Mariana perdió al bebé. Alejandro prometió llevarse ese secreto a la tumba».
Me quedé helada.
Seis meses atrás había perdido un embarazo que tanto había deseado.
Los médicos lo habían considerado una pérdida gestacional temprana.
Alejandro siempre me aseguró que había sido una desgracia inevitable.
Pero ahora comprendí que mi suegra y Patricia sabían algo.
Algo que jamás me habían contado.
Miré a mi cuñada directamente a los ojos.
—Patricia… ¿qué hicieron con mi bebé?
Y por primera vez desde que la conocía, aquella mujer arrogante empezó a llorar de verdadero miedo.
PARTE 3
—Patricia, te estoy haciendo una pregunta. ¿Qué saben ustedes de la pérdida de mi bebé?
Mi cuñada apretó el teléfono contra su pecho.
—No sé de qué estás hablando.
—Acabo de leer el mensaje de tu madre.
—¡No tenías derecho a mirar mi celular!
—La pantalla estaba frente a mí. Y si no tienes nada que esconder, explícame por qué están hablando de mi embarazo.
Patricia miró hacia la puerta de terapia intensiva.
Su rostro tenía una expresión que nunca le había visto: miedo verdadero.
—Tienes que hablarlo con Alejandro —murmuró.
—Alejandro está hospitalizado. Estoy hablando contigo.
En aquel momento apareció doña Teresa, acompañada por Óscar.
—¡Ya deja en paz a mi hija! —gritó—. ¿No ves lo que está pasando con mi hijo?
La miré fijamente.
—Precisamente por eso estamos aquí. Porque ustedes siempre han decidido que los problemas de esta familia son culpa mía.
Mi suegra abrió la boca, pero levanté la mano.
—Primero quiero saber dónde están nuestros ahorros. Después hablaremos de mi bebé.
Óscar pareció genuinamente sorprendido.