“¿Qué haces aquí? La camioneta ahora es para mi hermana”, dijo mi esposo cuando me vio salir del hospital con nuestra bebé. Su familia ya había decorado MI coche para una boda y recibido un anticipo de 100 mil pesos por venderlo. Yo no lloré; simplemente señalé al hombre que venía detrás de mí. Era mi padre, llevaba una carpeta en la mano… y una verdad que mi esposo jamás imaginó.

Pero lo que mi padre llevaba dentro de aquella carpeta todavía podía destruir mucho más que el ascenso de Daniel…

PARTE 3

Teresa fue la primera en reaccionar.

—¿Qué tontería es ésta?

Mi padre ni siquiera la miró.

Daniel sí.

Miraba a Ernesto como si de pronto todas las conversaciones, bromas y comentarios de los últimos meses hubieran regresado para golpearlo al mismo tiempo.

Mi padre siempre había vivido con sencillez por decisión propia.

Había empezado treinta años atrás con un pequeño taller mecánico y una grúa usada. Con el tiempo compró otro taller, después un terreno, luego una agencia.

Cuando yo era adolescente, Grupo Robles ya tenía talleres, patios de resguardo, agencias y flotillas en varias ciudades de Jalisco.

Pero papá seguía manejando su vieja pickup.

Cultivaba limones.

Cuidaba colmenas.

Nunca hablaba de dinero.

—Cuando alguien piensa que eres más pobre que él, te enseña su verdadera educación —me decía.

Daniel jamás preguntó demasiado.

Y yo nunca tuve razones para explicárselo.

Hasta ese día.

—Señor Robles… —balbuceó Daniel.

—Ernesto está bien. Después de todo, soy tu suegro.

—Yo no sabía…

Mi padre asintió.

—Exactamente. No sabías. Y ése es el problema. Si hubieras sabido quién era yo, seguramente me habrías tratado mejor.

Teresa salió de la camioneta.

—¿Entonces todo esto fue una trampa? ¿Metieron a mi hijo a esa empresa para vigilarlo?

—Yo ni siquiera participé en su contratación —respondió papá—. Recursos Humanos lo seleccionó porque era bueno vendiendo. Incluso pensé que podía llegar lejos.

Daniel intentó hablar.

Mi padre levantó una mano.

—La semana pasada todavía podías llegar lejos.

Le entregó la carpeta.

Dentro estaba la notificación de que su nombramiento como director quedaba suspendido y que se abría una investigación interna.

Daniel comenzó a pasar hojas.

—¿Investigación por qué?

—¿Recuerdas la camioneta nueva que Fernanda utilizó para una sesión de fotos el año pasado?

Fernanda dejó de sonreír.

Mi padre continuó:

—Era una unidad de demostración de la agencia. Tú registraste un servicio de prueba con datos falsos y se la entregaste a tu hermana durante un fin de semana.

—Sólo fueron unas horas.

—Fueron tres ocasiones. Tenemos registros de salida, cámaras y kilometraje.

Daniel bajó los documentos.

Yo saqué mi celular.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *