Pero mientras ella intentaba mantener la rutina de sus hijas, algo empezó a cambiar.
La historia que Mauricio había contado no parecía coincidir con la realidad.
Primero apareció un aviso de la tarjeta compartida.
Era un consumo de un hotel de lujo en París.
Mariana pensó que podía ser un error.
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Después apareció otro cargo.
Un restaurante.
Luego un bar.
La explicación de Mauricio era que necesitaba quedarse con Arturo.
Pero Arturo vivía en Santa Fe, Ciudad de México.
No en Europa.
Mariana no quiso sacar conclusiones rápidas.
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Buscó información.
Observó detalles.
Hasta que encontró una fotografía publicada por una compañera de trabajo de Mauricio.
En la imagen aparecía Vanessa Cárdenas, una ejecutiva que ella conocía de algunas cenas laborales.
Frente a ella solo se veía parte de un hombre.
No necesitaba ver el rostro.
Reconoció el reloj.
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Era el reloj que ella le había regalado a Mauricio por su décimo aniversario.
En ese instante, la fotografía dejó de ser solo una imagen.
Se convirtió en la confirmación de que la persona que había dicho necesitar espacio estaba viviendo una realidad diferente a la que le había contado.