Ese sonido fue suficiente para hacerlo correr.
Abrió la puerta del dormitorio y encontró una escena que nunca olvidaría.
Emily estaba acostada, sin reaccionar como debía, con un aspecto que lo alarmó de inmediato. A su lado estaba Noah, con fiebre intensa, los labios partidos y el cuerpo demasiado caliente.
Ethan sintió que todo lo demás desaparecía.
No pensó en el trabajo.
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No pensó en la discusión que tendría después.
Solo pensó en salvarlos.
Los tomó como pudo, pidió ayuda y salió corriendo hacia la casa del vecino, el señor Harris.
Harris abrió la puerta y no perdió tiempo haciendo preguntas. Al ver la situación, tomó sus llaves y los llevó directamente al hospital.
Durante el trayecto, Ethan intentaba mantener despierta a Emily mientras tocaba una y otra vez la frente de Noah.
A las 5:42 de la mañana, los médicos y enfermeras se llevaron a ambos al área de urgencias.
Una enfermera escribió en el expediente del bebé una frase sencilla que hizo que la gravedad del momento quedara registrada:
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