Volví del hospital con mis gemelas recién nacidas y encontré un segundo refrigerador en mi cocina.-aurelle

Después Valeria empezó a temblar.

Su padre alcanzó a sujetarla antes de que sus piernas cedieran.

—Ya pasó.

—No —murmuró ella mientras lloraba por primera vez—. Apenas empieza.

Tenía razón.

El lunes presentó la solicitud de divorcio con la ayuda de Mateo y una abogada especialista en asuntos familiares.

No hubo una guerra por el departamento: Diego sabía que Valeria lo había comprado antes de casarse y terminó aceptando salir definitivamente.

El juzgado familiar estableció una pensión provisional para Sofía y Emma mientras avanzaba el procedimiento y fijó las condiciones para que Diego pudiera convivir con ellas.

Tres días después, él volvió con flores.

Valeria abrió la puerta sin dejarlo entrar.

—Mi mamá me manipuló —dijo—. Ya me di cuenta.

—No, Diego. Tu mamá te ayudó a justificar algo que tú querías hacer.

—Dame una oportunidad.

—La oportunidad la tuviste cuando yo estaba embarazada.

—Puedo rentar otro lugar. Puedo venir todos los días. Puedo ayudarte.

Valeria negó lentamente.

—La noche que llegué del hospital yo apenas podía caminar. Tenía dos bebés que dependían de nosotros. Ese era el momento para demostrarme quién eras.

Miró las flores.

—Y lo hiciste.

Diego bajó la cabeza.

—¿Ya no me amas?

La pregunta dolió más de lo que Valeria esperaba.

—Eso dejó de ser lo importante.

Cerró la puerta.

El divorcio quedó resuelto meses después.

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