PARTE 2
Durante los siguientes once meses no publiqué una sola foto.
Mientras Paola llenaba sus redes con desayunos frente al mar, bolsas de diseñador y frases como “La familia es lo primero”, yo desaparecí.
Trabajaba dieciséis horas al día.
Vendí mi auto y compré uno usado.
Dormía apenas cuatro o cinco horas.
Cada peso que entraba iba directo a la remodelación de aquellas villas abandonadas frente al mar de Riviera Nayarit.
Los bancos me dijeron que estaba loca.
Los contratistas abandonaron la obra dos veces.