Adrian bajó la mirada.
—Yo no sabía que existías.
Abrí el sobre.
Dentro había una carta inacabada.
Nathan hablaba de volver conmigo.
De contarme la verdad sobre su familia.
Y luego encontré una frase que me hizo releerla tres veces.
“Si algo me ocurre, no creas que fue un accidente.”
Levanté la mirada.
—¿Qué significa esto?
Adrian permaneció en silencio.
—Me dijiste que hubo una investigación.
—La hubo.
—¿Qué descubrieron?
—Oficialmente, nada.
—¿Y extraoficialmente?
Adrian caminó hasta el ventanal.
—Nathan llamó la noche que murió. Discutimos.
—¿Sobre qué?
—Nuestro padre.
Su voz se endureció.
—Nathan había encontrado documentos que demostraban que alguien llevaba años desviando dinero de varias empresas familiares. Quería entregarlos a las autoridades.
—¿Tu padre?
—Eso pensé.
—¿Y ahora?
Adrian giró.
—Ahora ya no estoy seguro.
En ese momento Mia apareció medio dormida en el pasillo.
Llevaba algo en la mano.
—Mamá, Gerald se rompió.
Su elefante tenía una costura abierta.
Me acerqué.
—Yo lo arreglo.
Pero Adrian se quedó mirando el juguete.
—¿De dónde salió ese elefante?
—Era de Nathan —respondí—. Lo compró cuando supimos que algún día queríamos tener hijos.
Adrian se acercó.
—¿Puedo verlo?