—Mientras los niños sigan siendo hijos tuyos en los papeles, las acciones siguen donde deben estar. Si Álvaro descubre que están vivos, lo perdemos todo.
Inés llevó la grabación a la policía y solicitó medidas cautelares. Esteban fue apartado de la administración del grupo mientras se investigaban la falsificación documental, las transferencias y el fraude societario. La historia familiar salió a la luz sin convertir a los niños en espectáculo: el juzgado protegió su identidad y ordenó revisar las inscripciones.
El conflicto más difícil, sin embargo, no ocurrió en un despacho.
Ocurrió aquella noche, cuando Álvaro reunió a los 3 pequeños en el salón.
No podía explicarles sociedades, delitos ni herencias. Solo podía decirles la verdad que un niño de 6 años podía soportar.
—Lucas, Mateo, vuestra madre se llamaba Clara. También era la madre
de Nico. Vosotros nacisteis juntos. Algunos adultos tomaron decisiones muy equivocadas y os separaron.
Mateo bajó la cabeza.
—¿Porque éramos malos?
Álvaro se arrodilló delante de él.
—No. Nunca hubo nada malo en vosotros.
Lucas hizo la pregunta que Álvaro temía.
—¿Y tú no nos buscaste?
El silencio dolió más que cualquier acusación.
—No os busqué porque me dijeron que ya no podía encontraros. Creí una mentira. Si hubiera sabido que estabais vivos, habría recorrido España entera hasta dar con vosotros.
Lucas lo miró durante varios segundos.
—Entonces llegaste tarde.
Álvaro tragó saliva.
—Sí.
—Pero llegaste.