—Tú estabas ahí.
No respondió.
Seguí guardando ropa.
—Me dijiste que había hecho demasiado drama por mi mamá.
—Estábamos cansados.
—Yo venía de enterrarla.
—No la enterraste, la cremaron —dijo automáticamente.
Lo miré.
Mauricio abrió la boca, pero ya era tarde.
Esa necesidad suya de corregirme incluso en ese momento me confirmó algo que el dinero no podía arreglar.
No había sido una mala noche.
Era una forma de verme.
Valeria apareció en el pasillo.
—Si se quiere ir, que se vaya. A ver cuánto dura sola.
Beatriz habló desde el comedor.
—Cuando se le acabe el berrinche va a regresar.
Seguí empacando.
Mauricio bajó la voz.
—¿Encontraste algo en el departamento de Rosa?
Mis manos se detuvieron sobre una blusa.
No lo miré de inmediato.
—¿Por qué preguntas?
—Por nada.
—Entonces no importa.
—Lucía.
—¿Qué?
—Tu mamá guardaba muchas cosas.
Ahora sí volteé.
—¿Qué cosas?