Parecía una muestra más de cuidado.
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Pero debajo del sabor dulce había algo extraño.
Un gusto amargo que Ethan no reconoció.
Después de eso, todo desapareció.
Ahora entendía que aquel momento no había sido una casualidad.
Había sido el inicio de un plan.
Mientras permanecía inmóvil dentro del ataúd, escuchó pasos acercarse.
Luego oyó la voz de Olivia.
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«Por fin… ya nos libramos de él.»
Durante un instante, Ethan sintió que sus propios pensamientos se detenían.
No era una pesadilla.
Era real.
Su esposa estaba hablando de su muerte como si fuera el final de un problema.
Después escuchó una risa baja.
Era Mason.
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El hombre al que había dejado entrar en su casa.
El profesional al que había permitido ayudarlo durante su recuperación.
Ahora estaba junto a Olivia hablando de cómo habían logrado engañar a todos.
«Te dije que la fórmula iba a funcionar. Nadie sospechó nada», dijo Mason.