Parte 3 — La firma

Valeria Montes.

Debajo:

Aprobado.

Valeria sintió un escalofrío.

No era su firma.

Se parecía.

Demasiado.

Pero no era la suya.

—¿Cuándo se presentó esto?

Mauricio respondió:

—Hace tres semanas.

Valeria levantó la mirada.

—Hace tres semanas yo estaba en Monterrey visitando a mi madre.

—Sí.

—Y ese día tú me dijiste que estabas en una junta.

Mauricio no respondió.

Valeria pasó otra página.

Había algo más.

Una autorización bancaria.

Otra firma.

Otra falsificación.

Y después una tercera.

Todas parecían suyas.

Pero todas tenían el mismo error.

Una pequeña curva que su padre le había enseñado a hacer de manera distinta cuando firmaba documentos importantes.

Valeria recordaba perfectamente aquella enseñanza.

“Una firma puede imitarse”, le había dicho Eduardo Montes años atrás.

“Pero un hábito es más difícil de copiar.”

Entonces entendió.

Alguien había tenido acceso a documentos antiguos.

Alguien había estudiado su firma.

Alguien llevaba tiempo preparando aquello.

—Mauricio.

—¿Qué?

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