—Mamá, yo sabía que algo estaba mal, pero no quería aceptar que la persona con la que me casé podía hacerme esto.
Elena la abrazó.
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No necesitaban actuar con desesperación.
Necesitaban entender cada pieza.
Abrieron los documentos juntas.
Entonces apareció un detalle que cambió el rumbo de la historia.
Había una firma que Daniela reconocía.
Pero también había una fecha.
Una fecha que demostraba que alguien había utilizado información suya cuando ella todavía confiaba completamente en su esposo.
En ese momento sonó el teléfono.
Era Navarro.
—Señora Herrera, tenemos un problema. Mauricio ya sospecha que algo cambió y está intentando adelantarse.
Elena miró a su hija.
Y por primera vez en mucho tiempo, Daniela no bajó la mirada.
—No quiero volver a esa casa.
Aquella frase significaba más que cualquier documento.
Era una decisión.
Era el momento en que Daniela empezaba a recuperar el control de su propia vida.
Pero dentro de la carpeta todavía quedaba algo que ninguna de las dos había visto.
Un detalle que podía cambiar quién tendría que responder por todo lo ocurrido.