—Y tú sabías que mamá me mandaba fuera.
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—Sí.
—¿Sabías que me cobraba 4,500 pesos de renta por un cuarto que cerraban cuando ustedes llegaban?
Diego apretó la mandíbula.
—Sabía que pagabas algo.
Valeria abrió la libreta por la primera página y después por la última.
—Ciento ochenta y siete veces.
Diego miró el número como si nunca hubiera pensado que cada una de aquellas cenas, visitas y fines de semana podía convertirse en una cuenta.
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Intentó explicar que al principio su madre sólo había querido evitar preguntas sobre la hospitalización, que después había dicho que Valeria vivía lejos y que una mentira había obligado a inventar otra, pero Valeria lo detuvo antes de que pudiera convertir 8 años en una cadena de errores sin dueño.
—Renata me dijo que tu hermana había muerto joven.
Diego se quedó inmóvil.
—¿Cuándo hablaste con ella?
—Cuando vino aquí a comprar un magnolio.