—¿Porque me fui o porque encontré la placa?
Diego bajó la mirada.
La respuesta llegó antes de que hablara.
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—Valeria, esto se salió de control hace mucho tiempo.
—¿Qué cosa?
—Lo que les dijeron.
—Dilo completo.
Diego respiró hondo.
—Que habías muerto.
Escucharlo de su hermano dolió de una forma diferente a leerlo sobre piedra, porque Diego no podía fingir que se trataba de un objeto mal entendido ni de una exageración de sus padres.
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Él había participado.
—¿Desde cuándo?
—Desde que Renata empezó a venir a la casa.
Valeria recordó el primer sábado, las 10:47, la mochila, las dos blusas, el pantalón, los medicamentos, las llaves junto a la taza de su padre y el coche de Diego entrando mientras ella se alejaba.
—Yo tenía 19 años.
—Sí.