Valeria abrió la libreta por la última página y la puso sobre la mesa.
—No fue una noche.
Su madre vio el número 187.
No preguntó qué significaba.
Lo sabía.
Valeria sacó entonces el programa funerario de su abuela y lo dejó junto a la libreta, abierto en la lista donde aparecían sus padres y Diego, pero no ella.
—También me pediste que no entrara a la iglesia porque Renata iba a estar ahí.
—Era el funeral de mi madre, Valeria.
—También era el funeral de mi abuela.
Su madre comenzó a defenderse diciendo que había intentado proteger a Diego, que la familia de Renata era muy distinta, que en aquel momento todo parecía temporal y que después cada año había hecho más difícil corregir la historia.
Valeria la escuchó hasta que apareció la frase que llevaba años sosteniendo casi todas las decisiones de aquella casa.
—No queríamos que tu problema afectara la vida de tu hermano.
Valeria señaló el programa funerario.
—¿También por eso me borraste de aquí?