—Necesito preguntarte algo.
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Ella levantó la vista.
—¿Qué cosa?
—Cuando Diego les dijo que yo estaba deprimida, ¿qué exactamente les dijo?
Su expresión cambió.
No de sorpresa.
De vergüenza.
—Que después del parto estabas muy sensible —respondió—. Que no querías recibir gente. Que a veces te molestaba que él estuviera aquí.
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Sentí un golpe de rabia en el pecho.
—¿Les dijo que yo le pedía que se fuera?
Mi suegra tardó demasiado en contestar.
—Sí.
—¿Y tú por eso dejaste de venir tan seguido?
Asintió.
Todo empezó a acomodarse de una manera que me dolió más que la infidelidad.
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Durante semanas yo había pensado que su familia simplemente estaba ocupada.
Recordaba incluso dos domingos en los que me habría ayudado muchísimo que alguien cargara a Renata durante una hora mientras yo dormía.