PARTR FINAL….

de la casa. O tal vez se había ido temprano para evitar este momento.
Pero ya no importaba.
No exigí nada. No discutí. No pedí explicaciones. No lloré. Solo llevaba la ropa puesta y un pequeño bolso.
Incliné ligeramente la cabeza. “Me voy.”
Nadie respondió. 

Me di la vuelta hacia la reja.
Justo cuando la toqué, una voz me llamó. 

“Valeria.”
Era mi suegro. Don Ernesto Rivera.
Durante cinco años, casi no habló conmigo. Siempre callado. Siempre distante. Sentado solo en el patio con su periódico o cuidando sus cactus, como si toda la tensión de la casa no tuviera nada que ver con él.
Me giré. Estaba junto al bote de basura, sosteniendo una bolsa negra.
“Si ya te vas,” dijo lentamente, “de paso tira esto por mí.” 

Una ráfaga de viento pasó. Pétalos morados cayeron.
La abrí.
No había basura.
Dentro había un sobre

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