de la muerte de James. Pueden estar relacionados, pero no debemos mezclarlos sin pruebas.
Asentí.
Aquella tarde llamé a Susan.
Quería hacerle una sola pregunta.
—¿Sabías de dónde procedía el dinero utilizado para la antigua casa?
—No.
Su respuesta fue inmediata.
—¿Robert te habló alguna vez de fondos creados por nuestra madre?
Hubo un silencio.
—Una vez.
Olivia y yo nos miramos.
—¿Cuándo?
—Hace muchos años. Discutimos porque él dijo que sus hijas siempre habían recibido más ayuda de la que reconocían.
—¿Qué quiso decir?
—No lo explicó.
Susan respiró profundamente.
—Pero recuerdo otra cosa.
—¿Qué?
—Guardaba una caja metálica en el despacho. Nunca me permitía tocarla.
—¿Sigue existiendo?
—Sí.
Sentí un escalofrío.
—¿Dónde está?
—Robert se la llevó de la villa cuando se marchó.
Aquello complicaba las cosas.
Pero ya no necesitábamos perseguir cada secreto personalmente.
Había documentación suficiente para continuar por las vías correspondientes.
Lo que yo necesitaba