estuvo a punto de perder su casa.
Y entonces la llamada se cortó.
La llamada se cortó antes de que pudiera preguntarle nada más.
Intenté llamar a Olivia inmediatamente.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
No contestó.
Finalmente apareció un mensaje:
«Estoy bien. David está conmigo. Mañana te lo contaré todo.»
Aquello fue suficiente para tranquilizarme un poco, pero no para hacerme dormir.
A las seis y media de la mañana ya estaba hablando con Michael.
Le conté exactamente lo que Olivia había dicho.
—Si la carta afirma que tu padre nunca estuvo a punto de perder su casa, tenemos que averiguar qué ocurrió realmente con esos cincuenta mil dólares —respondió.
—¿Y los veinticinco mil de James?
—También. Empiezo a pensar que ambas cantidades forman parte de la misma historia.
A las nueve recibí una fotografía de Olivia.
Era la carta.
La letra de James llenaba dos páginas.
Me costó varios