Mi padre me echó de mi propia villa y se la entregó a mi hermana… pero olvidó un detalle: la casa nunca fue suya

Robert era mi padre.

 

Así que James no le había regalado aquel dinero.

Se lo había prestado.

Seguí pasando páginas.

Dos semanas después aparecía otra anotación:

«Sin devolución. Otra excusa.»

Después:

«Hablar con Robert mañana.»

Y finalmente, apenas once días antes de la muerte de James:

«Si vuelve a negarse, contarle todo a Elena.»

Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.

James había intentado protegerme.

Pero había muerto antes de poder explicármelo.

Fotografié cada página y se las envié a Michael.

Su respuesta llegó poco después:

«Ahora sabemos por qué existía la carta.»

Pero todavía quedaba una pregunta.

¿Qué era exactamente aquello que James pensaba contarme?

La respuesta llegó esa misma noche.

Olivia llamó.

Estaba llorando.

Pero esta vez sus lágrimas parecían diferentes.

—Elena…

—¿Qué ocurre?

—David y yo vamos a sacar nuestras cosas mañana.

No dije nada.

—He hablado con papá —continuó—. Le pregunté por el dinero

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