Mi padre me echó de mi propia villa y se la entregó a mi hermana… pero olvidó un detalle: la casa nunca fue suya

Me levanté de golpe. 

—¿Qué?

—La carpeta sigue aquí. Pero el sobre ya no está.

—¿Quién entró en la habitación?

—Tu padre.

No necesitaba escuchar nada más.

Llamé a Michael.

Él me pidió calma.

—Que el sobre haya desaparecido no significa que hayamos perdido su contenido.

—¿Cómo puedes decir eso?

—Porque James era meticuloso. Si aquello era importante, probablemente dejó algún rastro.

Y tenía razón.

Dos horas después, revisando una vieja caja que llevaba años guardada en mi apartamento de San Diego, encontré una pequeña libreta negra que había pertenecido a James.

La abrí.

Había fechas, teléfonos, recordatorios y notas de trabajo.

Casi al final encontré el nombre de mi padre.

Debajo había una fecha.

Era exactamente tres días después de aquella transferencia de 25.000 dólares.

Y junto al nombre aparecía una frase:

«Robert promete devolverlo antes del día 30. Elena no debe cargar con esto.»

Me senté lentamente.

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