sus palabras.
Michael no respondió durante unos segundos.
Entonces escuché el teclado de su ordenador.
—Hay algo que no te había contado todavía.
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
—Dímelo.
—Mientras revisaba las transferencias encontré un ingreso realizado a tu padre aproximadamente dos meses antes de que James muriera.
—¿Desde mi cuenta?
—No.
—Entonces ¿desde dónde?
Michael respiró profundamente.
—Desde una cuenta que pertenecía únicamente a James.
Me puse de pie.
—¿Cuánto?
—Veinticinco mil dólares.
No podía entenderlo.
James nunca me había mencionado aquel dinero.
—¿Para qué?
—Eso todavía no lo sé.
Me acerqué lentamente a la ventana.
Durante años había pensado que el mayor secreto de mi familia era el dinero que yo les había entregado.
Ahora empezaba a sospechar que la historia había comenzado antes.
Mucho antes.
Mi teléfono vibró de nuevo.
Era David.
Esta vez no había ninguna explicación.
Solo una fotografía.
Mostraba el interior