Volvimos al hotel dekara nuestra luna de miel y la recepcionista dijo: “Bienvenido de nuevo”

Abril pasó la mano por el barandal.

—No pensé que volvería a subir por aquí.

—Yo tampoco —contestó Valeria.

Abril llevaba un sobre sencillo.

Lo colocó sobre el escritorio del estudio.

Dentro estaban una tarjeta corporativa, una llave y los últimos objetos de la empresa que todavía conservaba.

—No quiero seguir viviendo de lo que es tuyo —dijo.

Valeria no respondió con un discurso.

Solo cerró el sobre.

La relación entre ellas siguió siendo incómoda durantemucho tiempo.

Abril nunca dejó de saber que Valeria había permitido que caminara hacia una trampa.

Valeria nunca olvidó que Abril había conocido parte de los movimientos de Julián y había preferido callar.

Pero ambas dejaron de fingir que el daño había empezado aquella madrugada.

Había comenzado mucho antes, cuando una familia decidió que el dinero justificaba secretos, y cuando quienes tenían miedo aprendieron a sobrevivir callando o poniéndose del lado del más fuerte.

Julián había pensado que podía convertir la muerte de Valeria en 25 millones de pesos, conservar la compañía y quedarse con una vida que nunca había construido.

Graciela había pensado que podía repetir una solución que años atrás nadie se atrevió a cuestionar.

Abril había pensado que mantenerse cerca de su hermano siempre sería más seguro que enfrentarlo.

Y Valeria había pensado que, por una sola noche, podía usar la crueldad de otra persona sin convertirsetambién en parte del daño.

Ninguna de esas ideas sobrevivió a la caída.

Tiempo después, cuando Valeria regresó a casa con su bebé, pasó frente a la escalera sin detenerse.

Abril estaba en el estudio esperando para devolver un último juego de llaves que había encontrado entre sus cosas.

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