A los 61 años, me casé de nuevo con mi primer amor… Pero en nuestra noche de bodas, cuando le quité suavemente el vestido, lo que vi debajo me

vez desde nuestra noche de bodas, no vi miedo en sus ojos.

Solo paz.

Tal vez el amor verdadero no siempre llega en el momento correcto.

A veces se pierde.

A veces pasan décadas.

A veces la vida deja cicatrices antes de que el amor finalmente encuentre el camino de regreso a casa.

Pero quizá el milagro no sea recuperar los años que perdiste.

Quizá el milagro sea encontrar a alguien que vea cada cicatriz que esos años dejaron atrás…

y aun así elija quedarse.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *