PARTE 2 — La prueba que podía destruirlo todo

Porque la respuesta era demasiado larga.

Había noches en las que Rose tenía fiebre y yo caminaba con ella durante horas.

Había mañanas en las que no tenía dinero suficiente para comprar pañales y comida.

Había días en los que me quedaba dormida sentada mientras revisaba historiales médicos.

Y mientras tanto, Adrián estaba en revistas.

Sonriendo.

Inaugurando hoteles.

Firmando adquisiciones.

Posando junto a empresarios y celebridades.

El hombre más poderoso de la ciudad.

Y su hija dormía en un pequeño departamento donde a veces yo apagaba la calefacción para ahorrar electricidad.

—¿Por qué no me buscaste en persona? —preguntó.

Lo miré incrédula.

—¿Querías que fuera a tu penthouse a tocar el timbre?

—Podrías haberlo hecho.

—Tu seguridad no me habría dejado pasar.

—Les habría dicho que te dejaran.

—No lo sabías.

Adrián bajó la mirada.

—No.

—Ese era precisamente el problema.

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