—¿Es…?
No pudo terminar.
Lucía respondió.
—La probabilidad de paternidad es superior al 99,99%.
Adrián cerró los ojos.
Por primera vez desde que entré, parecía un hombre completamente derrotado.
Yo pensé que lloraría.
No lo hizo.
Solo respiró profundamente y se pasó una mano por el rostro.
—¿Cómo se llama?
Mi corazón se apretó.
—Rose.
—Rose…
Repitió el nombre como si necesitara aprenderlo.
—¿Rose qué?
—Rose Hartwell.
Sus ojos se levantaron de golpe.
—¿Le pusiste mi apellido?
—No.
Hice una pausa.
—Ella ya llevaba el apellido Hartwell desde que nació.
Él me miró sin comprender.
—¿Cómo?
—Porque legalmente seguías siendo mi esposo.
Aquello pareció golpearlo más fuerte que la prueba.
Se acercó nuevamente.
Esta vez no intentó tocarla.
Solo la miró.
—¿Cuatro meses?
—Cuatro meses y doce días.
—¿Has estado sola todo este tiempo?
No contesté.