PARTE 2 — La prueba que podía destruirlo todo

—Porque intenté decírtelo.

—Pero…

—Y tú decidiste no escucharme.

Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire.

Entonces Adrián miró nuevamente a Rose.

Esta vez durante varios segundos.

Y algo en su rostro cambió.

No fue miedo.

No fue rabia.

Fue reconocimiento.

Como si hubiera encontrado algo familiar en la forma en que la bebé fruncía la nariz al dormir.

Se acercó lentamente.

—¿Puedo…?

No terminó la pregunta.

Yo retrocedí un paso.

—Todavía no.

Sus ojos se clavaron en mí.

—Elena.

—No tienes derecho a tomarla en brazos simplemente porque acabas de descubrir que existe.

Su mandíbula se tensó.

—Es mi hija.

—Todavía no lo sabes.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *