PARTE 2 — La prueba que podía destruirlo todo

—Eso no se demuestra con una promesa.

Él guardó silencio.

—Se demuestra quedándote.

Aquella frase pareció atravesarlo.

Adrián asintió lentamente.

—Entonces me quedaré.

Esteban abrió la boca para intervenir.

Pero antes de que pudiera hacerlo, las puertas de la sala se abrieron.

Todos volteamos.

Era una mujer.

Alta, elegante, de unos cincuenta años.

Llevaba un traje blanco impecable y una carpeta negra bajo el brazo.

Adrián se quedó completamente inmóvil.

—Mamá.

La mujer no lo miró a él.

Me miró a mí.

Después miró a Rose.

Y su rostro perdió todo el color.

—Dios mío…

Se acercó un paso.

—¿Esa niña…?

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué haces aquí?

Su madre no respondió.

Sus ojos seguían clavados en Rose.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *