Cuando Daniel regresó, la expresión de la doctora había cambiado.
Levantó con cuidado la bata de Valeria y señaló una marca amarillenta en uno de sus costados.
La lesión casi había desaparecido.
Pero no correspondía a lo ocurrido ese mismo día.
La doctora calculó que probablemente tenía varias semanas.
Después hizo una pregunta que Daniel no esperaba.
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—¿Su madre tiene llave de su casa?
Daniel contestó que sí.
Era una llave de emergencia.
Entonces la doctora miró a Valeria.
Le preguntó si Teresa entraba con su autorización.
Valeria negó apenas con la cabeza.
Ese movimiento fue pequeño.
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