Desde el pasillo pudo ver a Diego.
Estaba recostado en la cama.
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No tenía heridas visibles.
No llevaba oxígeno.
No tenía yeso.
Ni siquiera parecía alguien que acabara de salir de una cirugía complicada.
Sostenía un café en una mano y su teléfono en la otra.
A su alrededor estaban Bruno, Emiliano y otros amigos.
Nadie tenía cara de preocupación.
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Nadie hablaba de médicos.
Nadie preguntaba por una operación.
Estaban celebrando.
Y entonces Emiliano preguntó algo que hizo que Valeria prestara todavía más atención.
«¿Qué número fue este?»
Bruno empezó a contar con los dedos.
Valeria no sabía qué estaban contando.
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Hasta que escuchó la respuesta.
«Noventa y seis».