FINAL: LA FORTUNA NO PODÍA COMPRAR CATORCE AÑOS
Seis meses después, la investigación sobre Margaret Lancaster concluyó.
Los documentos y las grabaciones permitieron demostrar que había intervenido en las comunicaciones entre Ethan y yo, ocultando información y utilizando a otras personas para mantenernos separados.
Margaret dejó de ocupar cualquier cargo relacionado con la administración familiar mientras se resolvían las consecuencias legales de sus actuaciones.
Ethan también cambió.
No de un día para otro.
No porque una disculpa pudiera borrar el pasado.
Sino porque, por primera vez, empezó a comprender que el dinero no podía resolver todos los problemas.
Cumplió sus compromisos con los chicos.
Asistió a sus partidos de baloncesto.
Aprendió qué materias le gustaban a Daniel, qué música escuchaba Michael y por qué Lucas podía pasar horas desmontando aparatos electrónicos para descubrir cómo funcionaban.
A veces cometía errores.
A veces decía algo inoportuno.
Y algunas veces los chicos se enfadaban con él.
Pero volvió a aparecer.
Semana tras semana.
Sin exigir que lo llamaran papá.
Sin utilizar regalos para comprar su cariño.
Y sin intentar decidir por ellos.
Un domingo, Daniel llegó a casa con una noticia.
—Mamá, papá quiere que vayamos a la gala benéfica del próximo mes.
Levanté la vista del libro que estaba leyendo.
—¿Y vosotros qué queréis hacer?
Michael sonrió.
—Queremos ir. Pero solo si tú también vienes.