PARTE 2: LOS TRES HEREDEROS DE ETHAN LANCASTER

En una pequeña cafetería que mis hijos frecuentaban desde niños.

Llegó veinte minutos antes.

No llevó regalos caros ni guardaespaldas.

Solo una caja de fotografías antiguas.

Cuando entramos, se levantó inmediatamente.

—Gracias por venir.

Daniel se sentó frente a él.

Michael pidió un chocolate caliente.

Lucas observó a Ethan con curiosidad.

—¿Por qué nunca te volviste a casar? —preguntó de repente.

Ethan tardó en responder.

—Durante mucho tiempo pensé que no podía confiar en nadie. Creía que vuestra madre me había abandonado porque había encontrado una vida mejor sin mí.

—¿Y nunca intentaste buscarla? —preguntó Daniel.

Ethan bajó los ojos.

—Lo hice durante los primeros meses. Después dejé que el orgullo decidiera por mí.

—Eso no parece muy inteligente —comentó Lucas.

Michael le dio un pequeño codazo.

—Lucas.

Pero Ethan soltó una risa inesperada.

Una risa breve, casi oxidada.

—No. No fue inteligente.

Abrió la caja.

Dentro había fotografías de nuestro matrimonio.

Una de ellas mostraba el día en que nos conocimos.

Yo llevaba un vestido azul sencillo y sostenía un libro contra el pecho.

Ethan me miraba como si no existiera nadie más en la habitación.

Daniel tomó la fotografía.

—Mamá todavía tiene esta.

Ethan levantó la cabeza.

—¿De verdad?

—Está guardada en una caja de madera —respondió Michael—. Nunca quiso tirarla.

Ethan se quedó mirando la imagen.

—¿Vuestra madre os habló de mí?

—Sí —dijo Daniel—. Pero nunca nos dijo que fuéramos a perdonarte.

—No espero que lo hagáis.

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