tomó el recibo otra vez.
—¿Qué tuvo que ver esa persona con los niños?
—Más de lo que tú sabes.
Lucía se acercó al cajón y sacó otro objeto pequeño.
No era un documento nuevo.
Era algo que había guardado junto con la pulsera.
Mateo lo reconoció como parte de aquella etapa que había decidido borrar.
Lo miró sin tocarlo.
—¿Por qué guardaste todo esto?
Lucía respondió con una calma que le dolió más que cualquier reproche.
—Porque ellos algún día iban a preguntar por ti.
Mateo volteó hacia los tres niños.
El mayor estaba sentado en el piso.
Los otros dos jugaban cerca de él.
Eran pequeños, pero ya tenían una rutina propia.
Había objetos sencillos alrededor de ellos.
Una herramienta infantil.
Una cobija.
Algunos juguetes gastados.
Nada parecía pertenecer a la vida de lujo que Mateo llevaba en la Ciudad de México.
Y, sin embargo, aquella casa contenía