Parte 4 — La verdad que quedó en las sombras
No pude responder.
Sentía que acababa de escuchar algo que mi mente se negaba a aceptar.
—Mi hermano murió hace doce años —dije finalmente.
Mi esposo me miró con tristeza.
—Eso es lo que te hicieron creer.
—No.
—Escúchame.
—¡No! —grité—. ¡Yo estuve en su funeral!
Él se acercó.
—No era él.
Me quedé paralizada.
Durante unos segundos solo escuchamos el ruido lejano de los automóviles.
—Entonces… ¿quién murió?
Mi esposo bajó la mirada.
—Un hombre que trabajaba para ellos.