part 2 Los hijos que intentaron ocultarme

Era una imagen de Cassandra embarazada.

—Te siguieron durante todo el embarazo.

Me quedé helado.

—¿Quién tomó estas fotos?

—Gente contratada por tu padre.

—¿Y cuando nacieron?

Evelyn tragó saliva.

—Hubo complicaciones.

Cassandra cerró los ojos.

—No quiero hablar de eso.

Pero yo necesitaba saber.

—Cuéntamelo.

Cassandra negó con la cabeza.

—Damon…

—Por favor.

Ella respiró profundamente.

—Los médicos dijeron que uno de los bebés necesitaba una intervención urgente.

—¿Cuál?

—Violet.

Miré a Evelyn.

—¿Qué pasó?

—Tu padre utilizó sus contactos para hacer que el hospital trasladara a Violet a otra unidad.

—¿Por qué?

—Porque quería crear un registro separado.

—¿Para qué?

—Para que legalmente fuera más difícil demostrar que los dos niños eran tuyos.

Sentí náuseas.

—Pero eso no explica por qué Cassandra pensó que uno no debía sobrevivir.

Evelyn bajó la mirada.

—Porque hubo un momento en que los médicos dijeron que Violet podía morir.

Cassandra empezó a llorar.

—Tenía una infección.

Me acerqué a ella.

—¿Y sobrevivió?

Cassandra asintió.

—Sí.

—Entonces…

—Entonces tu padre decidió que, si Violet moría, nadie debía decirte que había existido.

Sentí que el mundo se detenía.

—¿Cómo pudo hacer algo así?

Evelyn respondió:

—Porque para él todo era una cuestión de control.

Miré a Cassandra.

—¿Y tú cómo lograste protegerlos?

—Me fui.

—¿A dónde?

—A Portland.

—¿Y él te encontró?

—Una vez.

—¿Cuándo?

—Después de que nacieron.

Cassandra sacó de su bolso una pequeña grabadora.

—Grabé nuestra conversación.

Pulsó un botón.

La voz que salió del dispositivo era antigua, pero clara.

La voz de mi padre.

“Damon no puede saberlo.”

Cassandra respondió:

“Son sus hijos.”

Mi padre dijo:

“Precisamente.”

Después se escuchó un silencio.

Y luego:

“Si él se entera, intentará protegerlos. Y eso lo destruirá.”

La grabación terminó.

Me quedé mirando la pared.

Mi padre había construido una vida entera sobre una mentira.

Y yo había confundido esa mentira con mi propia ambición.


—¿Dónde está? —pregunté.

Evelyn no respondió.

—¿Dónde está mi padre?

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