A las siete de la mañana llamé a mi abogado.
—Cancela la firma de Denver.
—¿La adquisición?
—Todo.
—Damon, perderemos la operación.
—Que la pierda.
—Son 780 millones.
—Lo sé.
—El consejo no estará de acuerdo.
—Entonces que convoquen una reunión.
—¿Qué les digo?
Miré a Luke, que estaba intentando enseñar a Violet a dibujar un dinosaurio.
—Diles que encontré algo más importante.
Colgué.
Pero todavía no sabía que cancelar el trato sería la decisión más pequeña de aquel día.
Porque a las 8:14 recibí un mensaje de un número desconocido.
Solo decía:
“Si quieres saber por qué tu padre escondió a tus hijos, ven solo al muelle 17.”
Debajo había una hora.
9:00 a. m.
Y una fotografía.
En ella aparecía mi padre.
Vivo.
Y parado junto a Cassandra.
Tres años atrás.
Con un bebé en brazos.
Mi hijo.
Luke.
Miré la imagen durante varios segundos.
Después miré a Cassandra.
Ella vio la fotografía.
Y se puso completamente blanca.
—¿Qué pasa? —pregunté.
Ella no respondió.
—Cassandra.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Damon…
—¿Qué?
—Hay algo que nunca te conté sobre el día que nacieron.
—¿Qué?
Ella cerró los ojos.
—Luke y Violet no nacieron juntos.
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué acabas de decir?
—Fueron separados al nacer.
—¿Por qué?
Cassandra respiró profundamente.
—Porque uno de ellos no debía sobrevivir.
Miré a los niños.
Y por primera vez comprendí que la historia que creía estar descubriendo aquella Nochebuena quizá llevaba años esperando a que yo finalmente hiciera la pregunta correcta.
¿Quién había intentado borrar a mis hijos de mi vida?
Y, peor todavía…
¿por qué?