Después al tercero.
Lloré sin poder detenerme.
No por Ethan.
No por el departamento.
No por el dinero.
Lloré porque mis hijos estaban vivos.
Entonces la puerta se abrió.
Gabriel apareció con una carpeta diferente.
—Claire, necesito que veas esto cuando tengas fuerzas.
Lo miré.
—¿Todavía queda algo más?
Él asintió.
—Mucho más.
Abrió la primera página.
En la parte superior había un nombre que reconocí inmediatamente.
Ethan Mercer.
Debajo aparecía una fecha de hacía seis años.
Y entonces comprendí que el divorcio, la mujer de Los Ángeles y las cuentas congeladas quizá habían sido solamente la superficie de una historia mucho más peligrosa.
Porque Ethan no había empezado a destruir nuestra familia aquella noche.
Había comenzado años antes.
Y ahora que sus tres hijos habían nacido, todos los secretos que había escondido durante tanto tiempo estaban finalmente a punto de salir a la luz.